Compro, luego existo…

pienso luego existo

Econ. Adriana Bock – abock@superarte.com.py 

 

Podemos decir que hoy en día la sociedad tiende a buscar estilos de vida más saludables y equilibrados, como respuesta al creciente estrés que implica la vida moderna.

De la mano con esta tendencia, surge cada vez con mayor fuerza la preocupación por encontrar una manera de manejar mejor el dinero para sentirnos financieramente sanos y libres en lugar de esclavos de nuestras cuentas.

Si bien existe abundante información al respecto, bajarla a la realidad cotidiana de la gente parece todavía un poco difícil por varias razones, entre ellas las actitudes con las que estamos acostumbrados a mirar el dinero. ¿Ocuparme de cuidar mis finanzas? ¿O no hacerlo y solo preocuparme? Parece una disyuntiva algo complicada.

Aunque aparentemente podemos encontrar una respuesta con solo analizar las ventajas y desventajas de ambas opciones, en definitiva se trata de una decisión personal en la que influyen tanto la razón como las emociones humanas, las cuales muchas veces chocan entre sí.

Simulando esta puja entre ambas fuerzas, en la mayoría de las ocasiones la razón se inclina hacia el logro de una buena calidad de vida sostenible en el tiempo, y las emociones nos impulsan hacia la satisfacción inmediata de los deseos.

Esta tensión puede tener raíz en la creencia de que para construir un futuro con seguridad financiera necesitamos necesariamente renunciar al disfrute del presente, cosa que pocos tienen ganas de hacer, sobre todo si tenemos en cuenta que este “disfrute” también tiene que ver con nuestros vínculos afectivos, profesionales y sociales.

Pero, ¿qué pasa si no se tratara solo de “renunciar” y hubiera otra opción?

Elizabeth Dunn (profesora de Psicología de la Universidad de British Columbia) y Michael Norton (profesor de Marketing de Harvard), plantean en su libro Happy Money: The New Science of Smarter Spending (Dinero Feliz: La Nueva Ciencia de Gastar de manera más Inteligente), que la respuesta al dilema puede estar en sustituir las compras impulsivas por compras inteligentes. Para lograrlo necesitamos buscar que cada decisión de gasto nos brinde la máxima satisfacción, por el máximo tiempo posible, sin competir con el logro de las metas trazadas para nuestro futuro.

Aunque nos cueste creerlo, no es tan difícil como suena, cierto que tampoco es tan fácil al principio, pero es posible entrenarse y trabajar en ello para lograrlo.

Simplificando, se trata de evitar aquellos gastos que nos satisfacen mucho pero solo brevemente y que tienden a convertirse posteriormente en insatisfacción, ya sea porque pasado el buen rato solo queda una deuda considerable, o porque hacen tambalear nuestro presupuesto poniendo en riesgo nuestra estabilidad financiera futura.

Si a esto le sumamos el reemplazo de la consigna sumamente en voga de “disfrutar ahora y pagar después” por la de “pagar primero y disfrutar luego”, es decir optar por el ahorro antes que por el crédito, podemos acercarnos todavía más a ser verdaderos compradores inteligentes.

Pero para terminar con el conflicto razón-emoción también necesitamos redefinir el rol que juega nuestra natural necesidad de aceptación a la hora de gastar nuestro dinero. En este sentido te propongo intentar no caer en el consumismo y hacerte más resistente ante la presión social. Para esto puede que te sirva afirmarte a vos mismo/a que no sos en función de lo que tenes, no necesitas comprar para existir!

Pero, probablemente, si necesites pensar para comprar.

Dejar un comentario

Debes estar conectado para poder comentar