¿Dar o estar? Los nuevos desafíos de ser PAPÁ

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Econ. Adriana Bock – abock@superarte.com.py 

 

“No quiero pedirle dinero al papá de mis hijos, no quiero que por dármelo crea que puede controlar mi vida”, “no necesito ayuda, tampoco quiero rendirle cuentas a nadie”, “prefiero criar sola a mis hijos a tener que negociar con alguien que ya no está en mi vida” 

Sin entrar a  juzgar la validez de estas expresiones, pues cada caso es distinto y no hay dos historias de vida exactamente iguales, no deja de llamarme la atención cuando las escucho, tal vez porque dentro de mi esquema mental el hombre “tiene que” hacerse cargo, al menos parcialmente, de los gastos de sus hijos y ninguna madre debería aflojar a la hora de reclamar este derecho.  

No obstante, cada vez con mayor frecuencia escucho a madres, solteras o separadas, que acuden a nuestro consultorio financiero, responder con similares argumentos cuando les pregunto si reciben o no  la famosa “prestación alimentaria”. Desde mi punto de vista, las razones por las cuales muchas de ellas optan por no hacerlo, reflejan la cada vez mayor independencia a la que aspiramos las mujeres, la cual se manifiesta principalmente en el aspecto económico. 

Pero, prescindir, o renunciar, a la presencia del papá en la vida de nuestros hijos, ¿es siempre lo mejor para ellos? 

Si bien tradicionalmente el rol de padre estuvo, por siglos, asociado al de proveedor, aun cuando en nuestra sociedad históricamente esto ha sido  incumplido o cumplido a medias, la actual autonomía de la mujer y su posicionamiento, en muchos casos, como jefa de hogar, nos invita a analizar los desafíos que hoy en día  deben enfrentar los papás que deseen ejercer este rol responsablemente. 

Estos desafíos no afectan solo a los papas que no conviven con sus hijos. En la actualidad también dentro de muchas parejas estables se da el hecho de que la mujer gane más dinero que el varón, asumiendo ella el rol de principal proveedora del hogar. Por este motivo, en algunos casos las parejas optan por que sea la mujer quien trabaje fuera y el hombre quien quede en la casa a cuidar de los chicos.  En otros casos, la ventaja económica de la mujer con relación al hombre puede generar malestar en la relación, el cual, si no es manejado adecuadamente, podría provocar una ruptura en la pareja. 

Pero más allá de estos factores de cambio, ante los cuales  podemos elegir distintas formas de adaptación, no podemos negar la importancia que sigue teniendo la presencia del papá en la crianza de los hijos para que estos logren un saludable desarrollo emocional.  

En mi experiencia, primero como hija y luego como mamá, tener un papá con quien jugar, que brinde afecto y contención, que lea un cuento, ayude con las tareas de la escuela, eduque en valores y oriente en la formación de criterios o pueda simplemente ocuparse de la cena, es, igual que tener una mamá, algo fundamental e irremplazable en la vida de cualquier niño o niña. 

Y al final, ¿será que para ser un papá presente en la vida de los hijos se debe necesariamente ser quien provea de recursos materiales a los mismos? ¿No tienen acaso los niños y niñas otro tipo de necesidades de las cuales un papá puede hacerse cargo?  

Si bien en muchos casos vemos que las mujeres deben asumir al mismo tiempo los roles de mamá y papáy esto no es lo ideal, ¿qué alternativas al esquema tradicional podrían encontrar los padres para cooperar mutuamente en la crianza de los hijos?    

Como ya mencionábamos, cada caso es distinto, por lo tanto no existen fórmulas ni recetas  igualmente efectivas para todos. Sin embargo, consideramos que el factor económico no debería ser el único determinante para permitir o no la participación activa del papá en la vida de los hijos. 

Un papá puede dar pero no estar para sus hijos, o estar presente sin ser necesariamente quien da lo material. 

Y más tarde o más temprano los niños sabrán valorar la diferencia. 

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